Depurando

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Yaya Hernández

*Mi cordón umbilical no era tan grande como pensaba, tiene limitaciones, quisiera desarrollar la capacidad de saber cuando soltar las cosas, cuando depurar quereres, el de hija, el de madre, el de amante

La expectativa de las vacaciones siempre es descansar, acomodar todo aquello que vamos dejando para ese momento donde las prioridades laborales no nos estén atosigando. Prometemos ver a las personas con las que el tiempo nunca nos alcanza más que para una llamada, pero seamos sinceros… de las diez mil cosas que decimos que haremos, a veces logramos realizar sólo una.

En estas vacaciones, por cuestiones monetarias no fui a la playa, ya no sé ni como es el mar. Y tengo nostalgia de arena, de ocio, de dormirme agotada por tratar de disfrutar el día a lo máximo y sacarle provecho a los atardeceres. El mar es como un amor eterno, una relación perfecta entre el oleaje y el vaivén de los pensamientos. Deseo el mar como al café, tanto que lastima. Espero que mi añoranza haga que los dioses y el destino me escupan a la orilla de un palmar.

Estos días he tenido una relación constante con Netflix, series que ya he visto y las que no me atan a la cama, pero después llegan las cosas que tengo amontonadas y que por falta de mar tuve que acomodar. Después de varios episodios de acumuladores, uno comienza a tener la sensación de que hay síntomas que nos delatan, así que hice limpieza de guardarropa de mis hijas, creo que yo cuento con seis pantalones y todos los uso, pero de mis pequeñas tenía su primer playerita, dos cobertores, cobijitas, etc. y las dejé ir. Es difícil, las cosas tienen momentos grabados, pero debes reconocer que como todo es fútil, ya el momento se fue y la ropa estorba, de pronto todo se acomodó no tuve que retacar cajones, simplemente cabía lo que les ponía.

“Al revisar bien mis maletas y sacar mis sentimientos y resentimientos todos” se desempolvaron varias certezas, el agua de río nunca es la misma, nunca. Amo a mi madre, todos lo saben, pero estas vacaciones fue una lucha de poder. Obviamente me pegué a ella porque es divertida y si no voy al mar, de menos la veo. Pero hasta acomodar un florero se volvió un reto, con este afán de andar acomodando hasta lo que no me importa, volví loca a mi madre, la estresé porque moví su selva, ella lo interpretó como que la veo como alguien que no puede hacerlo sola y me preguntaba cada minuto si no había tirado unos papeles que estaban sobre su mesa. Después desaparecieron unos zapatos y pensó que me los había llevado por error, me hizo preguntarle a mis hijas y fue desesperante. Finalmente aparecieron en la tienda donde los había comprado, se le habían olvidado.  Mi afán  de depurar cosas sólo aplicó para mí, pero entrometerme en otros cuartos y vidas no fue tan significativo, es más me atrevería a decir que fue invasivo, mis intenciones de nuevo fueron las mejores, pero no adecuadas.

Así que regresé a mi cubil, en parte porque mi hija se enfermó y otro tanto porque ya lo había decidido, sólo enfadé a mi madre y no ayudé, así que estaba de más en sus vacaciones. Pensé que sería triste pasar estos últimos días de libertad laboral en casa, pero no, depuré la cocina, depuré los calcetines, los papeles, las cucharas, los libros, mis playeras de los Pumas, que sólo fueron desempolvadas y las metí en su lugar, otro extrañamiento…C.U.

No sé sólo meterme en mis asuntos, debería, pero no lo sé. Me entrometo, opino e intento cambiar cosas que no me corresponden. Esta fue la epifanía del receso de verano.  Y como cada capítulo de la vida hay una oración de serenidad:
Dios, dame la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar;
Valor para cambiar las cosas que puedo; y sabiduría para conocer la diferencia.
Viviendo un día a la vez;
Disfrutando un momento a la vez;
Aceptando dificultades como el camino a la paz;

De este modo canto y repito en esta nueva agua de río:

Serenidad, para que no se corte mi respiración
Serenidad, para tomarte de la mano y no llorar
Serenidad, para soltarte toda la serenidad del mundo
Para dejarte ir
Serenidad, para que no se corte mi respiración
Serenidad, para tomarte de la mano
Serenidad, para soltarte toda la serenidad del mundo
Para dejarte ir

Mi cordón umbilical no era tan grande como pensaba, tiene limitaciones, quisiera desarrollar la capacidad de saber cuando soltar las cosas, cuando depurar quereres, el de hija, el de madre, el de amante, supongo que se le llama sabiduría y esa se obtiene con paciencia, con los ojos abiertos y sin el apego que me caracteriza hasta por la pelusa de su ombligo.

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