El componente social pesa en las decisiones alimentarias

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Isabel Custodio

El trabajo no siempre es el mejor contexto para pensar en comida. El estrés, los y las jefas, los clientes… Cuando entramos en estado de ansiedad no comemos, engullimos…

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), comer mal puede disminuir hasta en un 30% la productividad laboral de las mujeres. Un alimentación insuficiente o inadecuada puede provocar hipoglucemia y afectar a la concentración.

Aumenta el riesgo de obesidad, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, diabetes, depresión, y otras afecciones que tienen gran impacto en el absentismo laboral.

El componente social es un factor que pesa en las decisiones alimentarias. El 60% de las trabajadoras, cree que compartir el almuerzo con sus compañeras ayuda a estrechar lazos y construir equipo. Comer fuera de vez en cuando puede ser un bálsamo contra la cotidianidad. Las variables que más valoran ellas son: que esté cerca del trabajo, servicio rápido, oferta amplia, buen ambiente y precio razonable.

Las mujeres empleadas le dan cada vez más importancia a la calidad y al valor nutricional. Cuando se trata de comer en el trabajo, importa el qué, el cuánto, y hasta el cómo. Es importante realizar una adecuada selección de alimentos y ajustar las cantidades ingeridas a la actividad física que implique cada tipo de trabajo. También es necesario planificar bien los horarios de las comidas.

Pero la escasez de tiempo, comidas de negocios, ausencia de espacios específicos para comer o calentar alimentos, etc,etc. provocan desequilibrios alimenticios que afectan al rendimiento intelectual, anímico y físico en el trabajo. Se suele pasar las primeras horas del día con déficit calórico y tímidos niveles de azúcar en sangre. Por el contrario, la segunda mitad de la jornada suele caracterizarse por una congestión digestiva, hinchazón y sopor debido a una ingesta de alimentos excesivos en la comida.

Ambas situaciones son desaconsejables . Muchas empresas no son todavía conscientes de que la comida se hace en horarios laborales, y es parte de la jornada laboral: no es una cuestión que esté entre sus prioridades. Las organizaciones deberían esforzarse más por promover entornos de trabajo saludables. Por ejemplo,realizando una revisión nutricional de los menús del comedor de la empresa y de la oferta de las máquinas expendedoras; habilitando espacios con microondas y refrigeradores, o incluyendo actividades educativas sobre alimentación y actividad física.

Comer es nuestro modo de compensar algo que no estamos sabiendo gestionar emocionalmente. Y es un círculo vicioso. Porque si nuestro cuerpo no está preparado para tragar, digerir y absorber determinadas situaciones, tampoco va a ser capaz después de tomar ningún alimento que le caiga bien.

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