El Síndrome de la mujer completa

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Yaya Hernández

Un pájaro tocó mi ventana, dos veces. No he dejado de pensar en ello. Un pájaro en mi ventana, ¿dándome un mensaje? Inmediatamente busqué en Internet y encontré de todo, mal augurio, muerte, mensaje de los muertos, advertencia.

Después vinieron los sueños de ríos, inundación, desolación. ¿Qué hay dentro de los mensajes?

Si es cierto que los mensajes del universo o las señales tratan de advertirnos de algo, ¿cómo podemos saber cuál es el mensaje preciso?  Lo cierto es que no soy una “shamana” y por más que he tratado de pensar en lo que significa sólo me da vueltas la cabeza, pero no tengo nada concreto.

Después me enfermé, lo cual ha sido una constante últimamente. He terminado en el hospital o de menos tirada en la cama, descansando. Estoy agotada. Quizá el pajarito quería recomendarme descanso y reflexión, pero ningún augurio puede ayudar a una mujer que se busca estrés gratis.

Una amiga también tocó mi ventana y me hizo notar que estaba enfermándome demasiado y que en administración lo habían notado, tan sólo al decir eso, me estresé.  Por eso supe que ningún presagio es tan difícil de descifrar como el hartazgo de mi cuerpo, tan sólo por ser yo.

Si me permiten la queja: no paro. Me levanto a las cinco de la mañana y me duermo a las once, durante esas horas, me siento muy pocas veces para terminar todas mis tareas, que además no quedan perfectas. Me he convertido en una mezcla de bruja y tirana como mamá, porque no tengo tiempo para conciliar, y eso atrasaría mucho mis actividades.

A veces me dan ganas de rendirme y escupir a la igualdad,  porque además de hacer las diez mil cosas de profesionista, tengo que hacer las veinte mil cosas de mamá y esposa que son continuamente criticadas por familiares, amigas y agregados.

Sé de antemano que mi contexto no es malo, que no sabría qué hacer si mis expectativas sólo fueran cocinar y arreglar la casa, amo lo que hago, pero a veces es demasiado.

Sólo desearía que los días tuvieran más horas, para poder dormir, ver películas, platicar, bailar, leer. Todo va a vapor, todos los días termino con las espalda molida y los ojos casi cerrándose, pero cuando llego a la cama, el insomnio se apodera de mi.

Así que ese pajarito que toca mi ventana es la voz de mi abuela diciéndome, ¡huye! Como lo hizo ella tantas veces, cuando alguna situación la sobrepasaba. Pero huir no es mi opción.

No quiero ser una estadística de depresión, ya que según la Universidad de Washington ha constatado que, aunque tener un empleo fuera del hogar disminuye el riesgo de depresión, ocurre lo contrario si intentas llegar a todo.  Es decir, ser la mejor en todo lo que haces y terminar todas las tareas no es prioridad, porque podemos terminar con la ansiedad hasta el tope.  Una investigación de científicos españoles asegura que a las mujeres las relaciones interpersonales pueden estresarnos y predisponernos para estar tristes.

Además, según los científicos, al cumplir cuarenta años empiezas a plantearte el porqué llegaste a este punto y tus sueños se han transformado. Las hombres se preguntan por qué económicamente no mejoraron, nosotras vamos a lo emocional, sobre todo a lo que hemos hecho en casa y lo poco que se nota, entonces comienza el “síndrome el ama de casa” el que hace que sintamos que nuestras ambiciones se han perdido.

Así que mi estrés causante de que vea horas de Grey´s Anatomy, que sienta que me duele el corazón y que mi espalda me mata no es otra cosa que la agotadora manera de ser mujer.

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