La lluvia no para

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Have you ever seen the rain

 

Yesterday, and days before,
Sun is cold and rain is hard,
I know; been that way for all my time.

´til forever, on it goes
Through the circle, fast and slow,
I know; it can´t stop, I wonder.

I want to know,
Have you ever seen the rain?
I want to know,
Have you ever seen the rain
Comin´ down on a sunny day?

Creedence Clearwater Revival 

Yaya Hernández

Mientras escribo se oyen los clavos traspasando la madera, tras, tras, tras. Siempre me recuerdan lo efímero de la vida. Tras, tras, todos nos reducimos a cenizas. Vivimos en un eterno duelo, perdemos dientes, cosas, pelo, cuerpo, perdemos todo. El amor se escapa de los dedos no podemos asirlo por más que lo atoremos con alfileres, sólo sangran los dedos y de todos modos se riega en el suelo.

La lluvia siempre trae este sentimiento de melancolía. Ahora es tan fuerte que me duele el cuerpo, los huesos castañean y tengo tantas ganas de verlo. El Opio sigue, como el café, intermitente, sonriente, ahí.

He sacado todo mi repertorio de Franco de Vita para enfrentar las lloviznas, resultado: un corazón doliente, a ratos creo que me va a dar un paro cardíaco, a ratos creo que  me oprime el pecho el hartazgo, quizá sólo es un largo suspiro retenido o muchos que han regresado sin que el remitente los revise.

Lo malo de ser adulto es no poder mojarse en la lluvia como a uno se le dé la gana. La mayoría de las veces, en esta vida de grande, las gotas enormes nos hacen preocuparnos por la ropa tendida, por los zapatos mojados, por la falta de chamarra, por la falta de un café.

Cuando miraba la lluvia, antes de ser esta, la del dolor de pecho, podía hacerlo por horas, mirar las gotas resbalando por la ventana y siempre imaginando un millón de sueños amorosos que nunca fueron verdad. A mí el cariño me viene como un huracán, soy esa tormenta que arrasa con las cosas, pero sólo desastre hay a mi paso, doy mi amor y siempre es mucho, siempre inunda, siempre no hace falta.

Respiro hondo, teclear, es el último opio en esta isla donde siento que me falta el aire. No he puesto “los ovarios sobre la mesa”, sólo la lluvia.

En esta vida adulta, la lluvia se posa mucho sobre los ojos a veces roja de rabia por lo pesado de mis hombros, por lo lento de los días de trabajo.

Se pone azul de vez en suspiros, es cuando el Opio anda en mi cerebro, no es él. No sé si alguna vez fue él.  El Opio que vive en mi cabeza, sonríe, dice: Bonita, dice mentiras.

El agua puede ser oscura, llena de sapos que saltan en los sueños, esa agua me da miedo, me recuerda el presagio del pájaro y no quiero. No me gusta escarbar en la intuición porque es concisa. La idea general del anuncio está en mi cabeza, clara como el agua, no como la del charco, no como los sapos, sólo sé que ese torrente oscuro es veneno, pero no quiero aceptar que sé que significa.

A ratitos la lluvia es sólo eso, en momentitos es una canción que se me quedó pegada desde el nacimiento y me persigue con su sonsonete: “ Someone told me long ago/There’s a calm before the storm/ I know it’s been comin’ for some time/ When it’s over so they say/It’ll rain a sunny day/ I know shinin’ down like water”

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