Perversa falacia

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Teresa Mollá Castells*

Decía Mabel Lozano en Twitter recientemente que: “Si las mujeres son prostituidas, el demandante es un prostituyente, puesto que si es un putero, entendemos que ella es una puta y no una víctima. El lenguaje en muchos casos estigmatiza a las mujeres, por eso es el momento de los otros actores, proxenetas y prostituyentes”. Y yo comparto cada una de estas palabras.

Asistimos a un momento en donde el patriarcado adopta nuevas formas para sobrevivir y entre ellas busca dos elementos claves para demostrar su capacidad camaleónica, incluso sobre las mujeres. Esos dos elementos buscan esencialmente lo mismo: convertir sus deseos en derechos. De ese modo y, en el Estado Español de la mano de Albert Rivera y sus correligionarios, pretenden legalizar los vientres de alquiler que no es ni más ni menos que una forma de explotación reproductiva sobre las mujeres y un gran negocio de comercios de la infancia.

El otro elemento es la regulación de la prostitución. Si las voces que escuchamos siempre son las mismas, y nos explican que están ejerciendo la prostitución por voluntad propia y que para ellas es un trabajo y por tanto quieren tener derechos, acabamos naturalizando la esencia misma de la prostitución que es la dominación y la humillación a través de la satisfacción de un deseo.

Si no escuchamos voces como las de Amelia Tiganus, que es una sobreviviente de la trata y de la explotación sexual, cuando afirma que la prostitución es la esclavitud del mundo actual, también nos quedaremos con la sensación idílica que pretende hacernos creer el patriarcado, y es que la prostitución es un trabajo y que por tanto debe regularse como tal.

Y por supuesto ¿quién va a estar en contra del trabajo con derechos? supongo que nadie. Y precisamente ahí está la perversión de las palabras. En construir el mensaje de la regulación a partir de expresiones como “trabajo o empleo con derechos”.

La prostitución es, al menos para mí, una forma de esclavitud y explotación sexual con el fin último de seguir ganando dinero con los cuerpos de las mujeres como materia prima básica. Y, al mismo tiempo, reforzar las estructuras de poder patriarcal a través de la total y absoluta asimetría de las relaciones que se establecen entre el prostituyente y la mujer prostituida. Satisfacción del deseo sexual masculino a cambio de negar condición de persona a la mujer prostituida. En definitiva esencia patriarcal pura y dura: dominación masculina sobre las mujeres.

Lo más curioso del caso es que, al afirmar las mujeres que para ellas es un “trabajo”, le están haciendo el juego al sistema opresor y a quienes están detrás de las mafias de trata de mujeres para explotarlas sexualmente.

Con la falacia perversa montada sobre ese “trabajo” se normaliza y se excluye del relato a lo que seguramente sean 95 por ciento de las voces de las mujeres prostituidas, puesto que esas voces no interesan a quienes pretenden regular este lucrativo negocio. Son las voces de las mujeres esclavas que trabajan en clubes de carreteras, en pisos clandestinos, que son intercambiables y cambiables porque no importan, solo importa que aporten dinero al negocio. Mujeres que se drogan para poder soportar estar con varios hombres en una sola jornada. Mujeres que son maltratadas, puesto que se les ha negado su condición humana y son sólo “algo” donde los prostituyentes satisfacen su deseo sexual, como un juguete sexual que respira y poco más.

Tuve la enorme fortuna de escuchar hace un par de años a una activista que fundó, hace unos veinte años quizás, una asociación que pretendía ayudar a estas mujeres ocultadas y silenciadas a dejar la calle. Su relato fue estremecedor y ella tuvo que dejar su casa y su ciudad y emigrar a otra provincia por las continuas amenazas que sufría y sigue sufriendo por intentar que estas mujeres salieran de las redes.

Nos contaba cómo los proxenetas esperaban a la puerta de las instituciones de protección de menores de edad (insisto en que esto ocurría hace unos quince a veinte años) y captaban a las niñas, las enamoraban y las hacían creer que ellos las iban a sacar de aquella situación y cuando las tenían las vendían para que las explotaran sexualmente.

Con toda la fuerza que todavía conservaba aquella mujer decía “Vale, regulemos la prostitución y demos derechos a sus trabajadoras. Entre esos derechos está el de la formación ¿Qué les vamos a ofrecer, cursos de cómo abrirse mejor de piernas, de cómo ser más ágiles o cómo gemir mejor? y por supuesto habrá que crear un sindicato para ellas ¿o no? Pues detrás de ese sindicato estarán sus “protectores” que serán sus proxenetas y quienes están detrás del lucrativo negocio de la prostitución”. Cómo me acordé de aquella mujer este verano cuando se inscribió en el Ministerio de Trabajo el sindicato OTRAS!!!

Y hablando de sindicatos, exijo claridad en los posicionamientos de sindicatos y partidos políticos. Y la exijo porque como ciudadana he de votar en elecciones sindicales y políticas y quiero saber sus posicionamientos. Pertenezco a CC.OO. desde 1986 pero si el sindicato al que pertenezco se posiciona a favor de regular esta actividad, lo dejaré. Posiblemente sea la única causa por lo que abandone esta organización sindical. Pero si defiende la regulación, me iré porque no puedo entender que desde una organización sindical se le haga el juego al patriarcado con el negocio de la prostitución que es esclavitud y explotación de mujeres y niñas.

Como tampoco puedo entender la frivolidad con la que, alguna gente de la “gauche divine”, habla de este tema. Un tema que afecta a los Derechos Humanos de millones de mujeres a quienes silencian para mantener esclavizadas y al servicio absoluto del placer patriarcal a cualquier precio.

La falacia de naturalizar como trabajo la esclavitud sexual de tantas personas nos lleva a condenar a su suerte a millones de mujeres, niñas y algún hombre. Una suerte muy lucrativa para proxenetas y mercaderes de cuerpos. Cuerpos a quienes despojan de dignidad y convierten en meros objetos con los cuales comerciar y obtener pingües beneficios.

No, la prostitución no es un trabajo. La prostitución es el ejercicio del poder patriarcal sobre los cuerpos y vidas de mujeres a quienes tratan, explotan y a quienes niegan la condición de seres humanos.

Naturalizar esto es una terrible falacia patriarcal y no voy a ser cómplice de ello. ¿Y tú?

* Corresponsal, España. Comunicadora de Ontinyent

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