Te miro y tiemblo

0
462

Sobrevivientes

El temblor del cuerpo
puede medirse en
escala Richter.
Lo dejo inmóvil …
(y tú trepidatoria)
…cuando me miras.
Lo dejo moverse …
(y yo ondulatorio)
…cuando me besas.
Sin importar el desastre,
ni las cuarteaduras.
Sin llorar las pérdidas,
ni sus soledades.
Deshago diez pasos al camino.
Para luego hundirme,
en el silencio
de nuestra sobrevivencia.

Cipriano Coronel

Yaya Hernández

Que me mueva dice la tierra y frente a mí se despliegan diferentes caminos. Imagino que llego a casa, hago una maleta lo suficientemente llena como para no volver, las chucherías no son importantes. Tomo a mis dos hijas y me lanzo a la aventura, con el corazón palpitante y me marcho. Intuyo que sentiré esa soledad amarga de los no amados y buscaré refugio en las amistades y el café. Creo que lo primero que haré será tapizar de libros mis paredes y de fotos los blancos que queden, hasta que no haya un espacio donde pueda ver su cara.

Sigo sentada en la cama, balanceando mis pies y hundiéndome en la tristeza pausada, ¿por qué me siento de nuevo así? ¿Es el temblor? O ya tenía este sentimiento metido en los huesos. Siento el hormigueo de la nada, del para qué, del desamor. Entonces me salva de nuevo mi mente. Me lleva corriendo a su puerta, le pido una tacita de café, me ofrece el sillón, ríe, carcajea a mi lado y yo soy de nuevo yo. Pienso que a su casa le falta un cuadro donde esté pintada yo, donde cuelgue mi cabello, donde mi corazón salga a la superficie y se oiga su latido tan sólo al verlo. Me ofrece una canción, la tomo despacio, como un medicamento que hace mucho necesitaba y me quedo dormida en su regazo, aunque no me lo ofreció.

Pero estoy balanceándome, el agujero negro de la ansiedad me está esperando, me llama a que me hunda, mis pies no desean caminar, sólo balancearse. Así que de nuevo a soñar.

Estoy  tomando una taza de café en un hermoso lugar, sillones, libros, humo calientito, yo al final. Espero, no sé qué espero, pero parece que algo bueno ha de llegar, me asomo sobre el libro y la veo, viene sonriente, me saluda, me cuenta su vida, me siento contenta, me río de todo, fumo, exhalo y tomo café. Un círculo de vida que me devuelve la razón, que le pone sentido a todo.

Me devuelve un dolor, creo que mi cabeza va a estallar, desde cuándo comenzó el martilleo, no lo recuerdo, sólo sé que no me salva ni la bugambilia en la tapia descarapelada, no me salvan los pájaros que cantan en la ventana, ni los pequeños brazos que rodean mi cuerpo. A dónde me he ido. Joaquín Sabina dice que me robaron el mes de abril, yo creo que se robaron también marzo, es cuestión de ver, siempre quiero regresar a marzo, decir no, no insistir, salirme del círculo, no entrar en la vorágine de su boca.

Hace mucho que soy zona de desastre, sólo hay que ver mis uñas descarapeladas, mis cabellos encanecidos, mi cuerpo en ruinas. Llegó como un temblor, sacudió mi cuerpo, pensé que la tierra se había acomodado, pero sólo hay réplicas que me desgajan, por eso me escapo, donde no me puedas alcanzar, en la nube.

Me subo en el algodón, quisiera vivir siempre aquí en la nube, los temblores no se sienten, todo está en santa paz, no hay gritos y el silencio no duele. Sólo se oye el viento, veo la tierra, las flores de septiembre que todo lo invaden, hasta la muerte. Quiero ser una de ellas, no tener más preocupación que me toque el sol, que me acaricie y se vaya para luego regresar. Quiero ser esa flor que brilla entre la simpleza, que deja todo manchado de color. Quiero florear, reverdecer, fluir en el campo, caer de mi nube y ser semilla.

Si digo tres veces tu nombre vuelves a jalarme a la tierra, como a un globo al que le queda poco aire. Es más si te pienso tres veces me pica el corazón, eso sólo tú lo haces, sólo tú.

Ironías de la vida. Comenzaste esta historia con una canción que hablaba de temblar, creí que era para mí. Creí que era verdad que te sacudía, ni cerca estaba de saber que al entrar en tu edificio te derrumbarías sobre mí y serías escombro de amores pasados, de besos aplastados. No sabía. Y si oí mi alarma me hice que no sabía. Sigue temblando, ahora mi boca, mis ojos, mis manos. Estamos en réplica.

 

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here